El tiempo fue pasando y nuestras almas comenzaron a alejarse y a concentrarse en otras muchas cosas diferentes a nuestra relación. Supongo que la magia en la que decías que estaba envuelta, y la que yo atribuía a las situaciones que vivíamos juntos, no había desaparecido aunque ya no estaba visible. Por fin me he dado cuenta que nada dura por siempre, pero aún así me da tristeza al recordar ese día en el que te marchaste para buscarte la vida, una vida en la que no me incluías. Soy incapaz de borrar de mi mente esa imagen en la que apareces tú, montado en el tren, con tristes lágrimas en los ojos desapareciendo a medida que el viento se hacía más intenso y pronunciando un adiós.
Ha pasado bastante desde nuestra despedida pero yo sigo encerrándome en mis pequeños mundos, creyendo en mis tontas conclusiones, siguiendo los mismos sueños. Y lamentándome por todo aquello que me araña la piel como si fuesen cristales rotos, con intención de matarme. Pero sé que no lo son, que se trata tan solo de roces, de fichas peligrosas que pertenecen al juego de la vida. .
Ha pasado bastante desde nuestra despedida pero yo sigo encerrándome en mis pequeños mundos, creyendo en mis tontas conclusiones, siguiendo los mismos sueños. Y lamentándome por todo aquello que me araña la piel como si fuesen cristales rotos, con intención de matarme. Pero sé que no lo son, que se trata tan solo de roces, de fichas peligrosas que pertenecen al juego de la vida. .